Sylvester Stallone reflexiona sobre su relación con sus padres.

En una entrevista reciente con CBS News, el estrella de 79 años recordó la noche en que "Rocky" ganó tres Premios Académicos, incluyendo Mejor Película. “La primera sensación fue como un momento volcánico, y luego fue muy triste”, admitió Stallone. Sin embargo, su relación con sus padres no estuvo exenta de drama. Afirmó que inicialmente se sintió herido por el hecho de que sus padres no asistieran a la ceremonia pese a que el filme, que Stallone escribió y protagonizó, había sido nominado a diez premios.

“Quieres que las personas que amas te den la espalda – estás aquí, en los Oscars, y ellas no quieren ir”, dijo Stallone, al punto de echarse a llorar. La emoción revivió su dolor pasado y le recordó que nunca se acostumbraría a aceptarlo.

Stallone también compartió que cuando sus padres se divorciaron cuando él tenía 11 años, se mudó con su padre, quien fue descrito como “abusivo emocional y físicamente”. “Fue difícil navegarlo”, admitió, especialmente para un niño rebelde como él. Agregó que siempre esperaba recibir golpes, añadiendo: “Mi padre, cuando hacía silbar, sabía que era el fin”.

En otro momento de la entrevista, Stallone reflexionó sobre el impacto que sus padres tuvieron en su vida. “Los padres deberían aprender a ser más listos. Los niños son como arcilla blanda. ¡Son lo mismo!”, dijo. Aseguró que aún lleva el dolor de su infancia consigo, aunque se ve a sí mismo como un hombre duro.

Análisis:

La entrevista con Stallone nos muestra una persona que, pese a haber alcanzado el éxito y la fama, sigue lidiando con las cicatrices del pasado. Su relación con sus padres es un tema recurrente en su vida y en su carrera, y su confesión sobre el abuso emocional y físico sufrido durante su infancia nos da una idea de lo profundo que puede ser el impacto de los padres en la vida de sus hijos. La ironía reside en que, pese a haber jugado roles de personajes duros en películas como Rambo, Stallone es un hombre vulnerable y con una herida emocional que nunca se curó. Es un recordatorio importante de que, aunque podemos parecer fuertes exteriormente, nuestra capacidad para enfrentar el dolor y la tristeza depende de cómo hemos aprendido a manejar las experiencias difíciles del pasado.