La educación híbrida: un modelo en construcción en Bolivia

El país está transitando hacia un sistema educativo más inclusivo, según Jhonny Conde, miembro de la Jefatura de Enseñanza Aprendizaje (JEA) y profesor de la carrera de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Franz Tamayo. El modelo híbrido combina la enseñanza presencial con la virtual, integrando tecnologías digitales y metodologías activas para promover el aprendizaje autónomo.

La pandemia aceleró el proceso, al obligar a las universidades y colegios a incorporar herramientas tecnológicas para continuar con la enseñanza. Esta experiencia improvisada dejó una huella profunda en la percepción sobre el aprendizaje virtual, permitiendo acelerar la adopción de plataformas y recursos digitales que hoy forman parte del entorno educativo.

La tendencia híbrida no se limita al uso de plataformas tecnológicas, sino que implica un cambio profundo en las metodologías y paradigmas pedagógicos. El docente enfatiza la importancia de la formación continua para los educadores y el rediseño de los currículos para incorporar la mediación digital como parte natural del aprendizaje.

Análisis:

La educación híbrida en Bolivia enfrenta desafíos estructurales, tecnológicos y pedagógicos que requieren consolidación. Sin embargo, es importante destacar que esta modalidad tiene el potencial de desarrollar competencias digitales, pensamiento crítico y trabajo colaborativo, adaptándose a un mundo cada vez más conectado.

La pandemia aceleró este proceso, pero es fundamental no perder de vista la importancia de la calidad educativa y la brecha digital que aún se necesita subsanar. La tendencia híbrida implica un cambio profundo en las metodologías y paradigmas pedagógicos, lo que requiere formación continua para los educadores y el rediseño de los currículos.

La clave está en construir una comunidad educativa capaz de comprender su entorno y utilizar las herramientas digitales para transformarlo. La educación híbrida no es un destino lejano, sino un proceso en marcha que depende de la capacidad de docentes, estudiantes e instituciones para adaptarse, innovar y mantener el sentido humano del aprendizaje en medio de la revolución tecnológica que ya redefine las aulas.