La educación en la era digital: hacia una ley más sencilla y adaptable

En un mundo en constante evolución, la ministra de Educación, Beatriz García, ha lanzado un llamado a la reflexión para repensar la Ley Avelino Siñani y construir una nueva norma que responda a las necesidades del siglo XXI. La calidad de la enseñanza y la formación de estudiantes competitivos a nivel global son los ejes centrales de este proceso.

García sostuvo que es necesario replantear la normativa vigente y adaptarla a los cambios tecnológicos y económicos del mundo. "Necesitamos una ley mucho más sencilla, flexible y que no requiera que se cambie si es que de aquí a 20 años (...) sabemos que van a cambiar los factores, va a cambiar la tecnología, va a cambiar el mundo". En este sentido, la ministra destacó que en los últimos años se ha avanzado en cobertura educativa, pero advirtió que la calidad del aprendizaje ha bajado. "En los últimos 20 años el enfoque ha sido dar acceso a la educación y ampliar la cobertura y eso sí se debe reconocer que se ha avanzado en ese ámbito".

La autoridad señaló que actualmente, niños y jóvenes no están adquiriendo habilidades básicas fundamentales de educación. "Nuestros niños y jóvenes lamentablemente no cuentan con habilidades básicas en lectura, escritura y razonamiento matemático. Entonces eso implica que la competitividad de nuestros jóvenes cuando terminan de estudiar el sistema educativo es baja". Además, García destacó que todos los actores del sistema educativo coinciden en que es necesario cambiar la ley. "Es increíble, pero absolutamente todos los actores del ecosistema educativo coinciden en que se tiene que hacer un cambio a la ley".

En este marco, la ministra adelantó que desde la segunda quincena de febrero de este año se instalarán mesas de trabajo con maestros, especialistas y otros sectores involucrados. Las mesas de trabajo van a iniciar en la segunda quincena de febrero. Tenemos tres temas principalmente que vamos a trabajar con los diferentes actores del ecosistema educativo: uno es la ley, dos el modelo curricular y tres cómo reordenamos todo el sistema educativo fiscal".

Además, García dijo que el Ministerio priorizará cambios en el modelo curricular con miras al año 2027. "Lo que sí tenemos como meta es que tienen que haber cambios importantes a la malla curricular, a los planes curriculares en todos los subsistemas educativos para el 2027". La ministra cuestionó que los anteriores Gobiernos haya dado mayor prioridad a temas ideológicos y actividades extracurriculares, y no así al aprendizaje básico. "El enfoque ha sido muy perjudicial, ahora tenemos que dar prioridad a realmente asegurarnos que niños y jóvenes cuenten con habilidades básicas en lectura, escritura, matemáticas".

La ministra también anunció que harán la medición anual de la calidad educativa desde 2026 y los resultados serán públicos. Algo que vamos a institucionalizar a partir del 2026 son las pruebas y la medición de la calidad educativa (...) cada año vamos a medir la calidad de la enseñanza". Estas evaluaciones se aplicarán en tercero y sexto de primaria, sexto de secundaria y en las Escuelas Superiores de Formación de Maestros (ESFEM).

Por último, García señaló que este proceso busca generar un cambio de mentalidad en padres de familia y docentes, priorizando el aprendizaje real. Lo importante es que realmente aprendan y si un niño tiene que repetir el curso, no está mal (...) lo importante es que realmente aprendan".

Análisis de riesgo:

El proceso de cambio en la Ley Avelino Siñani y la construcción de una nueva norma que responda a las necesidades del siglo XXI implica un riesgo significativo para el sistema educativo. El riesgo principal radica en la resistencia a cambios en la mentalidad de los padres de familia y docentes, lo que puede generar reacciones negativas y afectar la confianza en el sistema educativo. Además, el riesgo de no lograr los objetivos establecidos, como la mejora en la calidad del aprendizaje y la formación de estudiantes competitivos a nivel global, también es un factor a considerar. Sin embargo, con una planificación cuidadosa y un enfoque claro, se puede minimizar este riesgo y lograr un cambio positivo para el sistema educativo.