Auge de diagnósticos del espectro autista: un cambio en la sociedad y en la forma de entender la neurodiversidad.
La vida de Lucas, un niño de nueve años con Trastorno del Espectro Autista (TEA), es un ejemplo palpable de cómo el diagnóstico puede ser un momento de alivio y vértigo a la vez. Para su madre, Yanine, fue el primer paso hacia un nuevo camino de comprensión y acompañamiento. A medida que Lucas crece y aprende en una escuela inclusiva, su madre se da cuenta de que la neurodiversidad no es una falla, sino una variación natural del cerebro humano.
En las últimas tres décadas, los diagnósticos de autismo han aumentado exponencialmente, pasando de 1 en 2.500 niños en los años noventa a 1 en 36 en la actualidad. Según el psiquiatra argentino Christian Plebst, este crecimiento refleja cambios sociales, biológicos y ambientales de alcance global. La expansión del diagnóstico también ha impulsado debates sobre la terminología -de "trastorno" a "condición del espectro autista" (CEA)- y la necesidad de promover una comprensión más amplia de la neurodiversidad.
La educación inclusiva es un eje fundamental en este proceso. Las escuelas deben adaptar sus currículos y contar con profesionales especializados que reconocan las distintas formas de aprendizaje. "En el aula, el maestro debe realizar adaptaciones curriculares respecto a los contenidos, estrategias de enseñanza y evaluación", sostiene Karen Meneses, docente de Psicología en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
El concepto de neurodiversidad, acuñado por la socióloga Judy Singer en los años noventa, ha transformado la manera de entender estas condiciones. Hoy se reconocen como neurodivergentes no solo a las personas con TEA, sino también a quienes viven con TDAH, dislexia, dispraxia o síndrome de Tourette. Según el World Economic Forum, entre 10% y 20% de la población mundial podría considerarse neurodivergente.
Análisis:
La neurodiversidad es un tema que ha generado mucho debate en los últimos años. Sin embargo, es importante reconocer que no se trata de una enfermedad ni una limitación, sino una forma distinta de habitar el mundo. La educación inclusiva es fundamental para garantizar que los niños y adultos con TEA o neurodiversidad tengan la oportunidad de desarrollarse y encontrar su lugar en la sociedad.
Es importante destacar la importancia del diagnóstico temprano y el acompañamiento respetuoso. La familia ocupa un rol esencial en este proceso, ya que puede brindar apoyo emocional y social a los niños neurodivergentes. Además, es fundamental abordar los estereotipos y prejuicios hacia las personas con TEA o neurodiversidad, ya que esto puede afectar negativamente su autoestima y confianza.
Esperamos que este artículo haya sido de ayuda para comprender mejor la neurodiversidad y el papel que juega en nuestra sociedad.