La crisis política en Irán ha alcanzado un punto crítico, con enfrentamientos generalizados y una sensación de inestabilidad que se extiende por todo el país el Gran Bazar de Teherán, el corazón económico del país, se convirtió en el epicentro de la protesta. Desde el martes 6 de enero, las calles de Teherán y otras ciudades de provincia han sido testigos de manifestaciones masivas, inicialmente dirigidas contra el costo de vida, pero que pronto se convirtieron en una forma de expresar descontento político.

La policía antidisturbios intervino con gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, lo que provocó una gran indignación en las redes sociales cuando una de estas granadas cayó en un hospital. Sin embargo, fue la respuesta del presidente iraní, Masud Pezeshkian, lo que sorprendió a muchos. Pidió a las fuerzas del orden no tomaron medidas contra los manifestantes, pero se refirió a "los alborotadores" como una amenaza para el orden.

Pero Irán no está solo en este momento de crisis política. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha hecho público su descontento y ha amenazado con intervenir militarmente si morían manifestantes. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha brindado su apoyo a las protestas. La respuesta del jefe del ejército iraní, general Amir Hatami, fue contundente: "Irán considera una amenaza la escalada de la retórica enemiga contra la nación iraní y no tolerará que esto continúe sin responder".

La situación se ha vuelto cada vez más tensa, con fuerzas antidisturbios lanzando gases lacrimógenos para dispersar a las multitudes y edificios públicos siendo incendiados. En la pequeña ciudad de Abdanan, en la frontera con Irak, miles de personas se manifestaron, pasando frente a una comisaría donde los policías se habían refugiado en el techo.

La cuestión es qué puede suceder a continuación. Si las protestas siguen sin control y la violencia aumenta, es posible que Irán tome medidas drásticas para restaurar el orden. Por otro lado, si las autoridades no pueden controlar la situación y las protestas se convierten en una forma de expresión política más amplia, puede haber un cambio significativo en el país.

En última instancia, la crisis en Irán es una reflexión de la inestabilidad global que afecta a muchos países. La respuesta del gobierno iraní y de los líderes internacionales será crucial para determinar qué sucede a continuación.