La artimaña del silencio: la importancia de escuchar en un mundo que predica velocidad y superficialidad

En el frenético ritmo de la vida moderna, hemos aprendido a oír sin realmente escuchar. Oír se reduce a una función fisiológica, mientras que escuchar implica conciencia, intención y presencia. Sin embargo, en un momento donde las conversaciones suelen reducirse a intercambios breves y respuestas automáticas, la habilidad de escuchar activamente es más relevante que nunca.

Según Consuelo Medina, docente en Psicología de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), el no saber escuchar puede menoscabar el respeto que deberían establecer las personas al momento de la interacción, lo que deriva en un distanciamiento. La especialista sostiene que escuchar activamente es una habilidad que se cultiva: requiere práctica, paciencia y un compromiso real de estar presentes.

La diferencia entre oír y escuchar radica en la intención. Escuchar demanda suspender juicios, evitar interrupciones y conectar con lo que la otra persona dice y siente. La comunicación es un puente emocional y psicológico: las palabras y su uso correcto influyen en las personas, pueden elevar el ánimo, fortalecer la autoestima y generar bienestar emocional.

La escucha activa no solo comprende mejor los mensajes, sino que genera espacios seguros donde otros se sienten valorados. La experta destaca los beneficios de esta práctica: favorece la asertividad, mejora la comprensión mutua y fortalece los vínculos.

La escucha activa no es un proceso pasivo; implica una serie de habilidades y estrategias que se pueden cultivar con la práctica. A continuación, se presentan ocho claves para escuchar activamente:

1. Presta atención con todo tu ser: evita distracciones, mira a los ojos y enfócate en comprender, no solo en oír.
2. Suspende el juicio: escuchar no es evaluar, sino permitir que el otro se exprese sin miedo a ser etiquetado.
3. Calma tu diálogo interno: si tu mente divaga, respira y vuelve al presente; la presencia es la base de la escucha.
4. Evita dar consejos prematuros: antes de ofrecer soluciones, valida emociones. A veces acompañar es más necesario que intervenir.
5. Respeta los silencios del otro: no completes ni apresures las frases ajenas. Las pausas también comunican.
6. Abraza el silencio como puente: el silencio atento transmite respeto y apertura, sin presión.
7. Lee el cuerpo, no solo las palabras: el lenguaje no verbal —miradas, postura, gestos— revela información clave.
8. Verifica con humildad: pregunta "¿Te entendí bien cuando dijiste…?" evita malentendidos y fortalece la conexión.

La escucha activa se aplica en múltiples contextos: desde conversaciones personales hasta debates, clases, entrevistas o reuniones laborales. En un entorno cada vez más mediado por pantallas y notificaciones, cultivar esta habilidad se vuelve urgente.

Análisis de la situación:

La falta de escucha activa en nuestras interacciones diarias puede tener graves consecuencias en el ámbito personal y profesional. La superficialidad y la velocidad con las que respondemos a los demás pueden generar un distanciamiento y una carencia de comprensión mutua.

Conclusión:
La escucha activa es una habilidad fundamental para establecer conexiones profundas con los demás y con nosotros mismos. En un mundo cada vez más mediado por pantallas y notificaciones, es crucial cultivar esta habilidad para generar espacios seguros donde otros se sienten valorados.

Posibles soluciones:

1. Practicar la escucha activa en conversaciones diarias para desarrollar una mayor comprensión mutua.
2. Identificar oportunidades de escucha activa en diferentes contextos, como debates o reuniones laborales.
3. Incorporar ejercicios de escucha activa en programas educativos y formativos para fomentar la comunicación efectiva.
4. Fomentar una cultura que aprecie y premie la escucha activa en el ámbito personal y profesional.