El Estado boliviano ahorra $us 3.650 millones anuales con la eliminación del subsidio a los combustibles, según cálculos oficiales que estiman un ahorro diario de $us 10 millones. La medida, implementada en diciembre pasado por el presidente Rodrigo Paz, ha generado descontento en sectores sociales, pero también encuentra respaldo entre empresarios y productores.

En una entrevista con Bolivia TV, el ministro de Hidrocarburos y Energía, Mauricio Medinaceli, defiende la medida como un "mal necesario" para evitar un colapso mayor de la economía. Detalla que los recursos ahorrados se quedan en el país, permitiendo importar bienes esenciales y regularizar el abastecimiento de diésel y gasolina.

El ministro explica que la subvención drenaba divisas a un ritmo insostenible: hasta $us 10 millones por día. "Eso era una locura", afirma. Agrega que Bolivia importa la mayoría de los bienes que consume y necesita dólares para eso. "En la medida en que esos dólares no se drenan en la subvención, la economía respira", sostiene.

Análisis:

La eliminación del subsidio a los combustibles es un paso importante para reforzar la economía boliviana, pero su aplicación puede generar descontento entre sectores sociales que dependen de estos productos. Es necesario establecer mecanismos de apoyo a pequeños productores y empresas que pueden verse afectados por el nuevo precio.

¿Podrá el gobierno boliviano encontrar un equilibrio entre la necesidad de ahorrar recursos y el impacto en la economía real? ¿Qué medidas adicionales podrá implementar para mitigar los efectos negativos de esta política económica?