La alimentación como clave para el éxito académico: cómo lo que comemos influye en nuestra memoria, concentración y rendimiento escolar

La forma en que nos nutrimos tiene un impacto directo en nuestro desempeño escolar. La nutrición es fundamental para el aprendizaje, la memoria y la concentración, y su calidad puede hacer la diferencia entre una buena y una mala nota. Magaly Bishop, docente de la carrera de Medicina en la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), destaca que la clave del aprendizaje no solo está en los cuadernos, sino también en el plato.

El cerebro es un órgano energéticamente exigente que consume aproximadamente el 20% de la energía total del cuerpo. La glucosa de absorción lenta, presentes en alimentos como cereales integrales, legumbres y tubérculos, es fundamental para mantener niveles de energía estables durante la jornada escolar. Además, los hidratos de carbono complejos permiten una mejor regulación del azúcar en la sangre, lo que reduce el riesgo de picos de glucosa seguidos de caídas bruscas.

La alimentación cambia según la etapa de crecimiento. En primaria, el enfoque está puesto en el crecimiento lineal y en la formación de hábitos saludables. El calcio y la vitamina D son imprescindibles para el desarrollo óseo. En secundaria, la adolescencia es una etapa de aceleración biológica donde las demandas calóricas aumentan significativamente.

Una mala alimentación o la desnutrición pueden provocar fatiga crónica, irritabilidad y dificultad para procesar información compleja. El sobrepeso y la obesidad también afectan el rendimiento académico, ya que se asocian con una inflamación sistémica de bajo grado que puede afectar la neuroplasticidad y generar baja autoestima.

Los kioscos escolares pueden ser entornos obesogénicos donde predominan los alimentos ultra procesados. El exceso de azúcar provoca picos de glucosa seguidos de caídas bruscas, lo que genera somnolencia, falta de foco, irritabilidad y déficit de atención a media mañana.

La educación alimentaria empieza en casa y se construye con el ejemplo. Llevar a los hijos al mercado, cocinar con ellos, sentarse a comer en familia e involucrarlos en la preparación de los alimentos aumenta notablemente la aceptación de opciones saludables. También es importante no usar la comida como premio o castigo, ya que esto altera la relación emocional con los alimentos y los mecanismos naturales de saciedad.

En conclusión, la nutrición en edad escolar no puede seguir siendo vista como un tema secundario. Una alimentación adecuada no solo mejora el rendimiento académico inmediato, sino que previene enfermedades crónicas que podrían afectar a la persona y a su familia durante años.

**Análisis de riesgo:**

La mala alimentación y el sobrepeso/obesidad en edad escolar pueden generar un aumento significativo en el riesgo de padecer enfermedades crónicas, como diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, en la adultez. Además, la baja autoestima y la falta de motivación asociadas con la mala nutrición pueden influir negativamente en el bienestar emocional y social del estudiante.

Es importante destacar que la prevención es clave para evitar estos problemas. Los padres, los educadores y los profesionales de la salud deben trabajar juntos para promover hábitos alimentarios saludables desde una edad temprana. La creación de entornos saludables en el colegio, como kioscos con opciones nutritivas y variedas, también es fundamental para apoyar el desarrollo integral de los estudiantes.

En resumen, la nutrición es un tema crucial que requiere atención y prioridad en nuestra sociedad. Es hora de reconocer su importancia y trabajar juntos para crear un futuro más saludable y próspero para nuestros hijos.