La transformación digital del mundo jurídico ya no es un tema de debate, sino una realidad que está redefiniendo la forma en que se ejerce, se enseña y se aplica el Derecho. En este contexto, la formación tradicional del abogado resulta insuficiente si no se incorporan competencias tecnológicas básicas que permiten comprender y regular los nuevos entornos digitales.

La falta de alfabetización digital en el ámbito jurídico es un tema preocupante, ya que muchos abogados siguen siendo insensibles a la evolución tecnológica. Según William Llanos, docente de la carrera de Derecho de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), “el uso de la tecnología en el Derecho ya no es opcional, sino una condición mínima para ejercer con responsabilidad en un sistema judicial cada vez más digitalizado”. Esto significa que los abogados del futuro deberán entender no solo las normas, sino también las herramientas tecnológicas sobre las que esas normas operan.

La falta de comprensión de la tecnología puede tener consecuencias importantes en el ámbito jurídico. Por ejemplo, la gestión de la evidencia digital es un tema crucial en los procesos judiciales. Correos electrónicos, mensajes de WhatsApp, registros de geolocalización o transacciones en línea son pruebas habituales en procesos judiciales. Sin embargo, si el abogado no entiende cómo funcionan estas herramientas tecnológicas, puede correr el riesgo de no comprender la prueba que presenta o que impugna.

La pandemia ha acelerado este proceso de transformación, obligando a los sistemas judiciales a adoptar esquemas híbridos. Audiencias virtuales, notificaciones electrónicas y plataformas digitales han llegado para quedarse. Sin embargo, esto no significa que todo volverá a ser como antes; el cambio es irreversible.

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) plantea nuevos desafíos legales y éticos. La IA puede analizar grandes volúmenes de datos en tiempos muy breves, identificar patrones y ofrecer análisis predictivos. Esto no reemplaza al abogado, pero sí redefine su rol, liberándolo de tareas repetitivas y exigiéndole mayor capacidad estratégica y crítica.

Otro tema clave es la LegalTech y su impacto en la ciudadanía digital. La plataforma digital permiten reducir la burocracia, agilizar trámites y acercar la justicia a la gente. Sin embargo, persisten resistencias culturales y una generación nativa digital que concibe la nube y otra que sigue aferrada a las fojas físicas.

En este escenario, las universidades cumplen un rol clave en la adaptación a estos cambios tecnológicos. La academia tiene la misión de dotar a los abogados de competencias básicas en tecnología, sistemas digitales y pensamiento interdisciplinario.

Finalmente, es importante recordar que la tecnología no viene a reemplazar al abogado, pero sí va a reemplazar al abogado que no se actualice. En un mundo donde el Derecho y lo digital avanzan de la mano, entender la tecnología se convierte en una condición indispensable para garantizar justicia, eficacia y vigencia del sistema jurídico en el siglo XXI.

Análisis de riesgo:

El riesgo más importante es que los abogados no se actualizen a las nuevas tecnologías y pierdan su papel en la sociedad. La falta de alfabetización digital puede llevar a una pérdida de competitividad y eficacia en el ejercicio del Derecho, lo que puede afectar negativamente a la justicia y al bienestar social.

Riesgo moderado:

La resistencia cultural a la adopción de nuevas tecnologías puede ser un obstáculo importante para la implementación efectiva de los cambios tecnológicos en el ámbito jurídico. La falta de comprensión de las herramientas tecnológicas puede llevar a errores y confusiones que pueden afectar negativamente a los procesos judiciales.

Riesgo bajo:

La posibilidad de que la inteligencia artificial reemplace al abogado no es un riesgo real, ya que la IA está diseñada para apoyar y ampliar las capacidades humanas, no para reemplazarlas.